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Inducción al suicidio adolescente por internet

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Para Reflexionar
Prevención del Suicidio Adolescente

Tengamos Conciencia de la indefensión de nuestros Adolescentes Potencialmente Vulnerables.

Se adjuntan las dos primeras notas originadas en Washington, USA. y publicadas por El País de Madrid.

Cordialmente
Prof. Dr. Héctor Basile
www.psicoadolescencia.com.ar

Inducción al suicidio adolescente por Internet 

  

William Melchert-Dinkel, un enfermero de EE UU, está acusado de inducir a dos jóvenes al suicidio en foros de la Red. -Su caso plantea dudas sobre los límites de la libertad de expresión  

DAVID ALANDETE | Washington 26/02/2011  

Esta es la primera de tres entregas en las que EL PAÍS cuenta la historia, reconstruida con documentos judiciales, de cómo Melchert-Dinkel, un enfermero acusado de homicidio múltiple, ha obligado a EE UU plantearse dónde acaba la libertad de expresión en Internet y dónde comienza el crimen. 

No hay término medio: o bien William Melchert-Dinkel, un enfermero del Estado de Minesota, es un sádico que disfrutaba empujando a sus víctimas a la muerte, o bien fue una persona que ejerció su derecho a la libertad de expresión en Internet, aconsejando al menos a dos jóvenes sobre cómo ejecutar la amarga decisión de acabar con sus vidas. El juicio contra él ha tenido lugar esta semana en Faribault, Minesota. El juez debe ahora decidir si le condena por asistencia al suicidio, una pena por la que puede pasar hasta 30 años en prisión. 

"Estas personas eran gente en estado frágil. Fue el acusado quien les sugirió una solución a largo plazo, muy largo plazo, para un problema de corta duración", dijo el fiscal del condado de Rice, Paul Beaumaster, el jueves ante el juez. "El acusado sabía exactamente lo que hacía. Iba tras gente vulnerable... No se puede calificar de libertad de expresión el tratar de convencer a alguien, de forma fraudulenta, de que suicidarse es lo mejor que se puede hacer". El enfermero Melchert-Dinkel no ha negado los hechos. Es más: le entregó a la policía un ordenador personal en el que hay registros detallados de conversaciones y correos en los que habla del suicidio, da consejos sobre cómo matarse mejor y deja traslucir su fascinación por la autoaniquilación. 

El jueves Melchert-Dinkel compareció en el juzgado, un hombre de 48 años, de pelo cano, frente ancha, figura rotunda, cara compungida. Caminaba con la cabeza gacha al llegar a la corte mientras las cámaras de televisión le perseguían. Se declaró inocente y ha solicitado que el caso lo dirima un juez y no un jurado popular. Su abogado, Terry Watkins, dijo en la corte que los mensajes de su cliente no influyeron en nada en la decisión de suicidarse de las dos personas con las que habló a través de Internet. Ellos, dijo, ya tenían intención de matarse. "Ni siquiera cumplieron totalmente los consejos que mi cliente les ofreció", dijo. Lo cierto, sin embargo, es que Melchert-Dinkel se encubrió en la Red tras identidades falsas: siempre una servicial enfermera, joven, con los nombres exóticos de Li Dao, Cami D y Falcon Girl, que visitaba foros en los que se incita al suicidio y daba consejos con la precisión de una experta. 

En su camino se cruzó Mark Drybrough, un joven informático de 32 años de Reino Unido, con problemas psiquiátricos. Mantuvo con Li Dao muchas conversaciones a lo largo de dos meses. Finalmente, el uno de julio de 2005, desde la dirección Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla , Melchert-Dinkel le hizo un detallado resumen de cómo ahorcarse de forma rápida e indolora: "Depende de lo alto que seas, preferiblemente más alto de 1'82 metros, puedes colgarte fácilmente de una puerta usando el pomo, atando a este la otra parte de la cuerda". Dio estos consejos usando el pseudónimo de Li Dao, avatar agradable y servicial que daba todo tipo de detalles para que Mark se provocara la asfixia total. Pasados 26 días, Dyrbrough se ahorcó en su casa, no como Li Dao le dijo, sino usando una escalera. 

Su hermana, Carol, que encontró el cadáver, registró el ordenador de Mark a la búsqueda de pistas que le hicieran comprender por qué había dado un paso semejante. Allí descubrió decenas y decenas de conversaciones con la enfermera. En principio pensó que esta se había suicidado el mismo día que Mark, como había prometido en un macabro y fatídico pacto. Después de comentarle esa posibilidad a Elaine, su madre, ambas acabaron pensando que tal vez Li Dao no hubiera sido otra víctima, sino una despiadada inductora que disfrutó sádicamente al empujar a la muerte a Mark. Elaine avisó inmediatamente de sus pesquisas a la policía de West Midlands, el condado inglés en el que vivía. 

Visto que en sus mensajes Li Dao se identificaba como una mujer de Minesota, Elaine escribió también una carta al departamento de policía de la capital del Estado americano, Saint Paul. "Estimado señor, no sé si me podrá ayudar en esto. Mi hijo Mark se suicidó ahorcándose", comenzaba. "Mark había contraído un pacto en Internet. La persona con la que lo hizo, que dijo que estaba en Minesota, dio el nombre de Li y le aseguró que había sido enfermera y que la habían tratado durante 10 años por un trastorno bipolar. Esa persona dijo que suicidaría a la vez que mi hijo. Me preocupa el hecho de que pudiera haberle mentido". La carta le fue devuelta, sin abrir, pasadas unas semanas. 

Li Dao, mientras, seguía activa en la Red. A finales de 2006 habló con una joven de 17 años en Sudamérica que, por casualidad, trabó a su vez contacto con una profesora británica jubilada que ahora tiene 65 años. Se trataba de Celia Blay, quien un día abrió su correo electrónico y encontró un mensaje de esa joven: "Me voy a matar, el viernes. Tengo un pacto con otra chica". La chica era, por supuesto, Li Dao. Celia, que ha hablado con EL PAÍS pero ha decidido no ofrecer declaraciones públicas hasta que haya un veredicto en el caso, convenció a su amiga en Sudamérica para que no se suicidara. Luego entró en foros y más foros, siguiendo inagotablemente el rastro de la misteriosa Li Dao. Llegó a identificar a una docena de personas con las que la enfermera había quedado para matarse, desapareciendo siempre tras incitar a la otra persona a la muerte y reapareciendo en un foro distinto poco después. Su patrón era muy similar al de otra enfermera, también veinteañera y estadounidense: Falcon Girl. 

Bajo los dos nombres se escondía en ambos casos Melchert-Dinkel. El enfermero seguía buscando personas con impulsos suicidas y les daba el empujón que necesitaban para acabar matándose. Mientras, en su vida real, continuaba con su cómoda cotidianidad, trabajando en una pequeña localidad norteamericana, cuidando, junto a su mujer, Joyce, de sus hijas adolescentes Mari y Molly. Una de sus próximas víctimas tenía entonces una edad cercana a la de su prole: 17 años. Nadia Kajouji se disponía a entrar en la universidad de Carleton, en Canadá. Nada sabía aún de Cami D, una misteriosa enfermera que le iba a incitar a ahorcarse. 

  

"SI SE TRATA DE AHORCARTE, TE PUEDO AYUDAR". William Melchert-Dinkel ayuda a morir a una joven universitaria de Canadá. Una jubilada británica, detective por accidente, le pisa los talones. 

PARTE 2  

"Si se trata de ahorcarte te puedo ayudar" 

Las pesquisas de una maestra inglesa jubilada le llevaron hasta la dirección desde la que William Melchert-Dinkel contactaba con personas débiles a las que incitaba al suicidio  

DAVID ALANDETE - Washington - 27/02/2011
Esta es la segunda de tres entregas en las que EL PAÍS cuenta la historia, reconstruida con documentos judiciales, de cómo Melchert-Dinkel, un enfermero acusado de homicidio múltiple, ha obligado a EE UU plantearse dónde acaba la libertad de expresión en Internet y dónde comienza el crimen.
El enfermero y padre de familia de 48 años William Melchert-Dinkel, de Estados Unidos, recorría, en 2007, diversos foros de Internet de asistencia en el suicidio, haciéndose pasar por diversas enfermeras que daban detalles de cómo lograr la asfixia total de forma rápida y fácil. Ya había incitado en 2005 a ahorcarse a un joven de 32 años de Gran Bretaña, Mark Drybrough. La familia de esta víctima había enviado a la policía de Minesota una carta en la que detallaba que su hijo había estado conversando con una mujer que residía en aquel estado, de nombre Li Dao. En la misiva expresaba su temor a que la tal Li fuera una incitadora al suicidio en lugar de una víctima. La carta le fue devuelta a la familia sin abrir.
Mientras, en Reino Unido, en el condado de Berkshire, una maestra e historiadora jubilada, Celia Blay, que hasta la fecha había sido poco ducha en la navegación por la Red, se empeñaba en seguirle la pista a tres misteriosas enfermeras que recorrían foros de Internet a la caza de personas en frágil estado mental y con impulsos suicidas. Esos ángeles de la muerte se llamaban Li Dao, Falcon Girl y Cami D. Recabando conversaciones y correos, Celia dio con una de las pocas formas de localizar físicamente a alguien en Internet: una dirección IP asociada a un post en el foro Usenet. Esas direcciones IP ayudan a revelar la información asociada a quien ha contratado una conexión a la Red. En ese caso, como podría comprobar en otros correos posteriores, el dueño de la conexión era William Melchert-Dinkel, de Minesota.
Celia no recibió mucha atención por parte de la policía británica, pero se dedicó a difundir advertencias por toda la Red, aclarando que Li Dao, Falcon Girl y Cami D podían ser en realidad una misma persona, con tendencias sádicas más que suicidas. Según dijo en una declaración jurada que le mandaría infructuosamente meses después al FBI con la cooperación de otra persona: "El sospechoso busca, de forma rutinaria, a personas con tendencias suicidas, que buscan información sobre cómo suicidarse en diversos foros de Internet [...] y entonces inicia el contacto con posibles víctimas por la vía del correo electrónico privado".
Mientras Celia avanzaba en sus pesquisas, al otro lado del Atlántico, en Otawa, Canadá, la estudiante de 18 años Nadia Kajouji vivía un doloroso descenso al infierno de la inestabilidad mental. En su primer año en la universidad de Carleton quedó embarazada y tuvo un aborto. Sus notas comenzaron a fallar. Se saltaba clases. Cuando visitaba a sus padres en su casa de Brampton actuaba de forma extraña. Padecía ansiedad general con el efecto de insomnio crónico. Aceptó tomar antidepresivos, por consejo de un psiquiatra. En su frágil estado mental, llegaron las tendencias suicidas. Y, en sus horas muertas por el océano de la Red, encontró a una amiga navegante, Cami D.
"Hace ocho meses, comencé a buscar métodos para marcharme y creo que ya sé qué es lo que funciona y lo que no. Por eso prefiero ahorcarme. Lo he probado un poco, para ver si duele, y si funciona de forma rápida, y no fue una mala experiencia", le dijo Cami D a Nadia en una conversación de marzo de 2008. Nadia le respondió:
- ¿Cuándo vas a tomar el bus? Me gustaría hacerlo pronto. Quiero intentarlo el domingo.
-O sea, ¿que también te vas a ahorcar?
- No. Voy a saltar.
Después de que Nadia le diera detalles de desde qué puente iba a saltar -había localizado un agujero lo suficientemente grande en el hielo, para caer al agua y morir de asfixia o congelación- Melchert-Dinkel le dijo: "Bueno, si se tratara de ahorcarse, te podría ayudar, de hecho incluso usando una cámara. Usar la cuerda de forma adecuada en muy importante". Nadia, finalmente, saltó, desde un puente, al congelado río Rideau, en la noche del 9 de marzo de 2008. Su cuerpo no fue recuperado hasta el 20 de abril.
El mismo mes en que Nadia murió, Celia Blay, la jubilada británica que le seguía la pista al enfermero que había estado hablando con Nadia, logró trabar un contacto estable y duradero con la Unidad de Investigación de Crímenes en Internet contra los Niños del Estado de Minesota. Comenzó a mandar a los agentes toda la información que había recabado en los últimos dos años sobre Melchert-Dinkel. La policía de Otawa, en Canadá, comenzó una investigación paralela, en la que logró identificar la dirección IP desde la que la misteriosa Cami D había entrado en un pacto de suicidio con Nadia. Correspondía al enfermero de Minesota. El siete de mayo de 2008 un agente de policía canadiense logró hablar brevemente con él, sin llegar a ninguna conclusión.

MAÑANA: (Lunes 28/02/2011) Se publicará la siguiente nota:"TENGO UNA OBSESIÓN CON EL SUICIDIO".

En una operación coordinada por agentes de los cuerpos de seguridad e internautas de tres países, la policía de Minesota logra detener a William Melchert-Dinkel.

http://www.elpais.com/articulo/internacional/angel/muerte/recorre/Internet/elpepuint/20110226elpepuint_5/Tes

 

 

 

 

 

 


EL ÁNGEL DE LA  MUERTE

 RECORRE INTERNET.

Tengo una obsesión con el

suicidio"

Melchert-Dinkel, que aseguró estar "obsesionado con el suicidio", se enfrenta a 15 años de prisión por dos delitos incitar a jóvenes a acabar con su vida

DAVID ALANDETE - Washington - 28/02/2011

Esta es la última entrega en la que EL PAÍS cuenta la historia, reconstruida con documentos judiciales, de cómo Melchert-Dinkel, un enfermero acusado de homicidio múltiple, ha obligado a EE UU plantearse dónde acaba la libertad de expresión en Internet y dónde comienza el crimen.

Elaine, madre del joven Mark Dybrough, que se suicidó en 2005 a los 32 años, abrió el diario británico The Sunday Mercury el 5 de mayo de 2008 y, ojeando sus noticias, se encontró con un nombre familiar: Li Dao. Era el nombre de la enfermera norteamericana que había entrado en supuesto pacto de Internet con su hijo para suicidarse. Titulaba el diario: "Un monstruo de Internet se hace amigo de los débiles para poder verles morir online". Escribía la periodista Fionnuala Bourke sobre la experiencia de Sarah Dove [el nombre es un pseudónimo], una ex adicta a la heroína de 35 años a la que William Melchert-Dinkel había intentado incitar al suicidio: "Para ganarse su confianza, Falcon Girl [otro de los nombres que usaba Li Dao] le dijo a Sarah que previamente había ayudado a un hombre de Birmingham de 32 años a matarse en 2005. Dijo que había visto al hombre morir con su cámara y le pidió a Sarah que se comprara una, para poder verla morir también".

A Elaine no le quedaba duda: ese joven de 32 años era su hijo Mark. Ella ya albergaba sospechas de que la tal Li Dao era una sádica que incitaba a la muerte, no una persona con tendencias suicidas. Como en la información se mencionaba a Celia Blay, maestra jubilada de 65 años que había seguido la pista al enfermero que se escondía tras aquellas falsas identidades, contactó con ella. Por entonces, Celia había podido hablar con el enfermero Melchert-Dinkel, a través de un programa de chat.

Con la guardia baja, ese padre de familia de Minesota había aceptado hablar a través de videocámara. Celia había logrado hacerle una foto a la pantalla del ordenador con su teléfono y que el enfermero le pasara, finalmente, una foto suya. En aquella conversación, que luego pondría en manos de las autoridades norteamericanas, el enfermero le había confesado que había llegado a incitar al suicidio a adolescentes de 15 años. Celia le dio finalmente a Elaine el verdadero nombre de aquel ángel de la muerte, una información que había logrado a través de un registro de conexiones a la Red: William Melchert-Dinkel. Ambas comenzaron una campaña para cazarle en EE UU.

Por aquel entonces, la policía del condado de Ramsey, en Minesota, ya le pisaba los talones a Melchert-Dinkel. Los detectives habían recibido diversos correos de Celia, desde Reino Unido. Uno de ellos provenía rebotado de una dirección de Yahoo que también era propiedad del enfermero de 48 años. Finalmente, el 1 de julio de 2009, el sargento William Haider acudió a su residencia familiar. "Ya sé por qué viene", le dijo. Según explicó el agente en su declaración jurada: "Melchert-Dinkel admitió haber usado las direcciones de correo asociadas con Falcon Girl y Li Dao junto con el nombre Cami para asesorar, incitar y crear pactos de suicidio, típicamente por la vía del ahorcamiento, con diversos internautas... durante los pasados cuatro o cinco años... y estima que ha ayudado o incitado a unas cinco personas a cometer suicidio a través de la red usando su ordenador".

El enfermero le entregó al agente su ordenador, que se ha usado como prueba en el juicio. Según reveló posteriormente la cadena de televisión canadiense CBC, Melchert-Dinkel acudió esa misma noche al servicio de emergencias de un hospital cercano, con una evidente crisis de ansiedad, diciendo: "Estoy obsesionado con el suicidio". La policía, mientras, encontró sus conversaciones con la estudiante canadiense Nadia Kajouji, que se había suicidado en marzo de 2008 saltando a un río. Los agentes de EE UU contactaron con los de Canadá y con Celia Blay y Elaine Dybrough, en el Reino Unido. Recabaron pistas suficientes para abrir un caso. La demanda se presentó el 23 de abril del año pasado.

Se presentaron contra Melchert-Dinkel dos cargos de "asistencia al suicidio", aplicados hasta entonces a casos de eutanasia en enfermos terminales. La pena máxima a la que se enfrenta es de 15 años de prisión y 30.000 dólares [21.800 euros al cambio actual] por cada uno. "Haciéndose pasar por una joven, amable y simpática mujer que trabajaba como enfermera en una sala de urgencias de un hospital, incitaba a la gente a cometer suicidio", dijo el fiscal en su acusación formal. "Admitió que sabía que la asistencia en el suicidio era ilegal, y específicamente que es ilegal en Minesota... Admitió haber entrado en pactos de suicidio con unas 10 u 11 personas de todo el mundo a través de internet. Admitió haber pasado de asistir en el suicidio a incitar al suicidio".

Melchert-Dinkel, es cierto, no ha negado dar información copiosa sobre el suicidio ni estar fascinado por la muerte autoinfligida. Pero sus abogados han armado una estrategia de defensa que se fundamenta sobre la base de la libertad de expresión. En EE UU, la primera enmienda constitucional ampara cualquier tipo de discurso personal, siempre que no sea una incitación directa y con resultados tangibles a cometer un crimen. Si eso es lo que hizo el enfermero que se escondía tras las fachadas dulces y amables de Li Dao, Falcon Girl y Cami D, tres ángeles de la muerte, es algo que ahora dirime el juez Thomas Neuville, quien acabó de escuchar los alegatos de los abogados del caso el pasado jueves.

 

 

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